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Hospital

El edificio se proyectó en 1929 para ser utilizado como moderno hospital, y como tal se construyó, distribuyendo la planta superior en dos pabellones, uno para hombres con seis habitaciones y el otro con siete, para mujeres. Junto a éste último pabellón también se acondicionó la estancia para cinco religiosas Carmelitas con un pequeño comedor.

En la planta de abajo existía una gran sala con capacidad para ocho camas, un pequeño botiquín y laboratorio, oficinas y una sala de operaciones. Además, justo detrás, un enorme patio con un pozo servía de lavadero, y apartado del resto del edificio, una pequeña sala prevista para pabellón de infecciosos.

Al menos en dos ocasiones fue rechazado el proyecto por la Comisión Provincial de Sanidad, ya que incumplía en muchos puntos las normativas que entonces se exigían para un edificio de éstas características, y adolecía de bastantes defectos:  Se proyectaban 13 camas, cuando el mínimo exigido para la población de entonces (7000 habitantes) era de 25.  Faltaba capacidad de local por enfermo, ya que como mínimo hacían falta de 37 a 40 m3,  mientras que el proyecto presentaba de término medio 32 m3 por paciente. Algunas salas tenían ventilación indirecta, y éste era otro problema de difícil solución.

El resultado final es que el Hospital no tuvo el éxito esperado, y las monjas apenas atendían a algún enfermo esporádico, por lo que aprovecharon la sala de abajo para dar clases a las niñas.

En 1931 finalmente se suspendió  la subvención a las Hermanas Carmelitas Descalzas y se rescindió el contrato que se tenía con ellas, por lo que finalmente abandonaronn el edificio y se trasladaron a la calle Cervantes, donde continuarían hasta el final de la guerra impartiendo clases.

El hospital en realidad sólo se utilizó como tal en los últimos meses de la guerra, cuando fue autorizado para atender heridos, denominándose hospital de sangre.

Sobre el tejado se pintó una enorme cruz roja.

También fue usado para albergar a algunos refugiados durante la guerra, y al acabar la contienda, como prisión provisional.

El 7 de enero de 1961 se inaugura en un salón de la primera planta la biblioteca municipal, que en 1984 se traslada a un local en Pablo Picasso que pronto se queda pequeño. De nuevo, en 1992 vuelve a habilitarse un nuevo local aquí, esta vez más grande (175 m) y en la segunda planta.

Fuente: “Almoradí, Un recorrido histórico” de José Antonio Latorre Coves